Según Marshall McLuhan, la televisión es un medio frío debido a su baja definición sensorial, especialmente en el aspecto visual. A diferencia de medios calientes como el cine o la radio, que presentan información clara y detallada que capta toda la atención del receptor, la televisión requiere una mayor participación por parte del espectador. Esta participación no es solo atención, sino también interpretación activa: el usuario debe completar el significado de lo que ve y escucha, ya que la imagen televisiva (especialmente en sus primeras etapas) no es del todo precisa ni rica en detalles.
Los medios fríos, según McLuhan, son aquellos que ofrecen menos información explícita y por lo tanto demandan un esfuerzo mental mayor para ser comprendidos. En el caso de la televisión, el espectador no solo recibe el contenido, sino que también tiene que interpretarlo constantemente, completando los vacíos que deja la baja resolución visual o el contenido fragmentado. Este nivel de interacción convierte a la televisión en una experiencia más participativa que pasiva, característica que define a los medios fríos en la teoría de McLuhan.