El reto en línea de fotografías estilizadas con la estética de Studio Ghibli consistía en que los usuarios subieran imágenes propias —generalmente retratos o paisajes cotidianos— para transformarlas mediante inteligencia artificial en ilustraciones que imitaban el estilo visual característico del célebre estudio japonés.
Aunque la dinámica resultaba atractiva por la creatividad y la nostalgia asociada a las películas, planteaba varios desafíos y dilemas éticos: por un lado, los riesgos de privacidad, ya que las personas compartían imágenes personales que podían ser almacenadas o reutilizadas sin consentimiento claro; por otro, la posible violación de derechos de autor, pues el estilo de Studio Ghibli es una marca artística protegida, y su reproducción sin licencia puede considerarse una apropiación indebida.
Este tipo de retos abre debates sobre la explotación comercial encubierta, el uso masivo de datos visuales de los participantes y la delgada línea entre la inspiración creativa y la infracción de propiedad intelectual.