En nuestro recorrido virtual comenzamos visitando a los artistas. La historia inició con los modernos y, poco a poco, nos adentramos en el mundo de los contemporáneos. Allí descubrimos a Banksy y nos detuvimos frente a un par de sus obras cargadas de crítica social. Justo al lado, las recomendaciones nos llevaron a explorar a Van Gogh, donde nos encontramos con algunos de sus famosos autorretratos. Después, regresamos a la pestaña principal y nos dejamos sorprender por distintas colecciones: desde los tesoros del British Museum en el Reino Unido, hasta las fascinantes pinturas rupestres de la Cueva Chauvet en Francia, sin olvidar el Wyoming Dinosaur Center, que nos conectó con un pasado aún más remoto. A lo largo de esta experiencia, notamos que la narrativa de los archivos se desarrollaba principalmente a través de imágenes, pinturas, retratos y esculturas. Sin embargo, sentimos que algo más podía enriquecer la visita. Fue entonces cuando descubrimos una herramienta de inteligencia artificial capaz de crear video, imagen, audio y texto. Decidimos probarla en su laboratorio experimental, donde elegimos dos conceptos: la luna y la orquídea. El resultado fue un poema acompañado de una imagen generada por IA y música de fondo, bajo el nombre Haiku Imagine. Lo que más nos llamó la atención fue el debate que surge en torno a este tipo de creaciones: ¿podemos considerar arte lo producido por una inteligencia artificial? ¿En qué momento una máquina puede ser vista como “artista”? Estas preguntas nos invitan a reflexionar sobre los límites y posibilidades del arte digital en la actualidad.